La gran crisis

Escribo a diario por trabajo. Me dedico a escribir contenidos para clientes, y vivo una gran crisis.

Eso puede tener todo el glamour del mundo, pero en realidad no es así. Es un trabajo tedioso en muchas ocasiones, ingrato, desmotivador y duro, que además no es que sea el trabajo mejor pagado del mundo, aunque siempre me ha dado para vivir. Pero en el fondo, me gusta, es algo que se me da relativamente bien y hasta el momento no he dejado de trabajar ni un solo mes en los últimos casi once años.

Seguramente el hecho de que me resulte duro, ingrato y hasta doloroso (no físicamente, sino a nivel mental) en muchas ocasiones sea una clave para que, en el fondo, haga contenidos que me garantizan el pan y unos ingresos, digamos, por encima de la media por artículo. O eso quiero creer.

El caso es que para mí, escribir un artículo para un cliente no es cumplir con las palabras, sino escribir algo que se alinea con los intereses de quien me contrata, y que en cierta medida conecte con su público (que no es el mío). Quizás por eso lo hago complicado, o me parto la moral para sacar un contenido que refleje los valores, personalidad, enfoque de otros, que son los que me pagan al final del mes, o del proyecto.

Esto tiene mucho que ver con la idea (que por supuesto comparto y divulgo siempre que tengo ocasión) que plasmaba Patch (Community Madre, una de mis jefas en este mundo y que sabe bastante de esto y aquello, pero también me conoce desde hace mucho tiempo) en uno de sus últimos artículos en su blog: cuando haces contenido low cost obtienes resultados low cost. Es una regla infalible, y yo jamás me planteo hacer contenidos low cost porque no quiero entrar en una mala dinámica.

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Un contenido low cost no solo lo es porque se paga poco dinero por ello, sino porque el resultado es malo. La idea del contenido low cost es que es el resultado del trabajo rápido de un mal profesional, que dedica poco esfuerzo a juntar palabras (no, no me gusta la autodefinición de juntaletras), a quien le da igual si las frases están cuidadas y son coherentes, a quien le da igual dejar algún typo en el resultado, a quien no le importa haber escrito “a parte” o “sobretodo”, y en definitiva, a quien solo le importa llegar a 300 palabras lo antes posible, cobrar sus dos euros y abrir el siguiente post, porque si no hace al menos diez al día no ingresará apenas nada.

En esto de los contenidos sigue teniendo vigencia una frase como “quien algo quiere, algo le cuesta”: clientes, no contratéis artículos por cuatro duros porque vais a ofrecer una imagen de cuatro duros; escritores, no os ofrezcáis para trabajos de dos duros, porque estaréis trabajando en vuestra contra y en la de tantos otros.

La cárcel en casa

Trabajo desde casa, algo que puede parecer ideal para todos los que sufren en sus oficinas y cubículos, rodeados de compañeros y gente. La realidad es otra, y trabajar en casa es más duro y difícil de lo que te imaginas, si nunca lo has hecho. Y no consideraré que hayas trabajado en casa a menos que te hayas pasado tiempo solo, sin la motivación y la presión de tener compañeros y jefes cerca: el teletrabajo mixto no es lo mismo que trabajar desde tu casa el 100% del tiempo.

Mi rutina es simple: me levanto, levanto a la niña, la llevo al cole, vuelvo para trabajar mientas la otra niña, un bebé, llora o grita, voy a buscar a la mayor, comemos, trato de trabajar sin caer dormido… Es un ciclo bastante vicioso que parece no tener fin, pero lo tendrá. Se terminará la baja maternal, la pequeña empezará en la guardería, todo volverá a ser como era, solo que en realidad, no es tan diferente. Trabajar en casa es como vivir en una cárcel: te pasas el día en ella y no sabes cuándo tendrás tiempo para perder en el exterior.

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Hace falta aire, un pasatiempo, algo creativo que te oxigene el espíritu.

Escribir a diario es duro por muchos motivos, y uno de ellos, seguramente curioso para vosotros, es que la mayor parte del tiempo que estoy escribiendo algo concreto, deseo escribir otra cosa. Mientras lucho por sacar adelante ese artículo del que no estoy nada seguro, pienso en lo que sería escribir una novela, escribir para mí y para nadie más. Es una fantasía porque no puedo hacer algo así a menos que deje de comer o tener necesidades básicas como vivir bajo techo.

Siempre deseamos lo que no tenemos, y a veces es difícil separar mentalmente qué es una fantasía y qué es un objetivo en la vida. En estos momentos yo quiero creer que escribir para mí, historias, novelas o lo que sea, no es una fantasía y sí un objetivo, pero ¿de verdad escribo a diario? ¿En serio me sirve mi trabajo para educarme como escritor? ¿Soy escritor o simplemente un redactor de artículos intrascendentes? Vivo en una permanente crisis de identidad, y siento cada día que no estoy dedicándome a lo que de verdad me llenaría, pero ¿qué puedo hacer?

Esta es mi crisis, mi gran crisis. Esto es un blog, pero no sé si le daré continuidad, o simplemente quedará ahí como un retal más de mis recuerdos y vivencias. No soy de los que continúan, o al menos eso creo.

 

 

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